Una marca se encuentra en más de un sitio.
Una persona puede descubrirte en Instagram, leer tu web y pedirte una propuesta. Si cada paso utiliza una voz o un lenguaje visual diferente, le estás pidiendo que vuelva a reconocerte en cada punto.
La coherencia no es repetir el logotipo. Es facilitar esa lectura.
Revisa lo que ya existe.
Reúne una página de tu web, varias publicaciones, una propuesta y un email habitual. Mira cómo utilizas el nombre, qué promesa repites, qué imágenes eliges y cómo explicas tus servicios.
El objetivo es encontrar patrones y contradicciones concretas, no juzgar el gusto.
Define reglas que puedas utilizar.
Una guía útil ayuda a elegir. Explica qué papel tiene cada tipografía, cuándo usar el color, cómo seleccionar una fotografía y qué tono encaja con la marca.
Incluye ejemplos de las piezas que realmente necesitas producir, no de las que quedan bien en una presentación.
Empieza por una decisión.
No hace falta rehacerlo todo a la vez. Escoge el punto de contacto que hoy genera más confusión y comprueba qué necesita: un mensaje más claro, una jerarquía distinta o una aplicación más consistente de la identidad.